3. Me parece evidente que habrá un público que encuentre perfectamente satisfactorio ese género de manufacturas. Después de todo, ya hace décadas existen subgéneros enteros de literatura generada con plantillas: pienso en el universo de ficción para adolescentes, esas sagas editoriales de las que surgen sagas cinematográficas.
Suponiendo que la literatura generada por IA no llegase a emular jamás el poder de originalidad y creatividad idiosincrásica que esperamos de un artista literario (supongamos nomás: sé que muchos dirán que sí llegará y ha llegado ya), eso no tiene por qué ser un problema. Después de todo, los lectores que se aproximan a una ficción con una expectativa de descubrimiento estético, y que ejercen su actitud crítica sobre la base de esa expectativa, son una ínfima minoría. Me parece que la gran mayoría de quienes leen ficción buscan en ella algo así como información o como una reafirmación del mundo que conocen. Nos gusta que la literatura nos diga lo que ya sabemos. En el Perú, por lo menos, es muy frecuente ver que se elogia una novela por los datos históricos que contiene o porque refleja algún problema social como el racismo, por ejemplo. Una novela es juzgada satisfactoria, incluso óptima, por su fuerza de redundancia. Está bien: es una forma válida de satisfacerse con un libro --siempre que se tome conciencia de que eso no convierte a un libro en literatura especialmente valiosa.
4. Siendo así, puedo imaginar sin dificultad que para una inmensidad de lectores puede resultar indiferente que un libro haya sido escrito por quien lo firma o que haya sido generado automáticamente o, a la larga, que no lleve firma alguna. Lo que interesa es que diga algo sobre un tema que considero relevante y, sobre todo, que diga algo ya sabido: "me reconocí en los personajes" o "reconocí a los personajes" es un elogio típico entre nosotros. Para eso la IA es ideal, pues, en última instancia la IA no hace otra cosa que devolvernos alguna combinación más o menos complicada de cosas que ya han sido escritas.
5. Leí hace un par de semanas el libro de Thélyson Orelien acusado de haber sido generado casi enteramente por IA: Era eso o morir (C'était ça ou mourir). Mentiría si dijera que me pareció deleznable o ilegible. Traté de leerlo ignorando la acusación, intento que supongo es inviable. La historia que cuenta es estremecedora: la travesía de un migrante haitiano hacia Canadá pasando por República Dominicana, Brasil, Perú, Ecuador, América Central, México y EE.UU. Una historia de violencia, de humillaciones, de espera y esperanza angustiosas. No diré que no me dijo nada relevante y desconocido por mí. Sí diré que no me dijo nada que no hubiera podido conocer por otros medios. Y hasta me parecía reconocer una panoplia de trucos, recursos, tácticas retóricas más o menos conocidos para romper la expectativa del lector, para sacarlo del registro emocional en el que el texto lo ha instalado: bromas autocompasivas, ironías a cosas de sí mismo en los momentos más dramáticos, juegos de lenguaje, retruécanos. Está bien: no es un libro desdeñable; tampoco es un descubrimiento estético. De hecho, es mejor que cierta ficción peruana que triunfa mediante el chantaje socioemocional. Ahí, la IA --si de IA se trata en este caso-- no es mejor ni peor que cierta literatura programática. No sé, sin embargo, si ese será su techo.
[6. Un tema adicional que no abordo aquí es el de qué está pasando con la lectura en el Perú y el mundo: ¿por qué un jurado como el del Goncourt encuentra especialmente valioso este libro? ¿Por el drama que desarrolla? ¿Por qué el jurado que premió al narrador peruano recientemente encuentra que esa novela --concebida con una idea estética "depravada" (remedo a Borges)-- es mejor que las otras dos mil que fueron presentadas?].
6. Hay quienes sostienen que el uso de la IA --incluso el uso intensivo de la IA-- para producir una ficción es válido como esfuerzo artístico: si el autor tiene una idea del tema, una historia en la que encarnar esa idea, unos personajes con ciertas características, un entorno y un contexto, ¿no da igual que le encargue a la máquina que le ponga carne al esqueleto? Es un error. Dejando de lado una cuestión que me parece evidente --no es lo mismo escritura que redacción--, hay este otro asunto crucial: una novela puede nacer de un esquema básico o bien desarrollado, pero en buena parte alcanza su originalidad en el proceso mismo de su escritura. Es mientras se escribe y se corrige, mientras se experimenta la frustración de no saber cómo seguir, la angustia de descubrir que las cincuenta páginas ya escritas no sirven para nada, cuando el escritor va encontrando su camino, sus problemas, su tema.
7. Otra vez, esto no quiere decir que la ficción generada por IA no vaya a tener ningún lugar. Estamos en el universo de lo utilitario. Imagino que, por ejemplo, llegará pronto el día en que se generen novelas muy útiles para estudiar ciertas materias en la escuela y, tal como vamos, hasta para la universidad: novelas sobre la migración, el racismo, la discriminación, los problemas asociados a género y etnicidad, el valor de la democracia, los peligros de la IA. Si la lectura de ficción es entendida por su función informativa--como creo que la entiende una buena mayoría-- su lugar está asegurado. Si a eso lo seguimos llamando literatura --como lo hacemos hasta ahora para ficción que ya parece generada por IA y que es elogiada y premiada-- o si le inventamos otro nombre ya es otra cuestión.

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